| Inma's profile__Poesía nórdica, suiza ...PhotosBlogLists | Help |
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September 30 A este lado del corazón, de Matti RossiA este lado del corazón aún es noche: goza de ella. El niño viene a tus brazos, dibuja un pájaro en el aire, el niño y tú os echáis a llorar cuando se va volando. Pero vuelve, trae consigo otro, te acuerdas aquel que tú dibujaste una tarde, aquel que el tiempo alejó. Te ríes y el niño se ríe cuando vuelen los pájaros a este lado del corazón, y en la tarde alada se percibe el aroma de muchos hogares.
A este lado del corazón llueve, es una noche corriente, los pájaros se han ido, el niño duerme. Alguien no encuentra su casa, alguien no regresa, alguien acaba de marcharse, la puerta dio un portazo, el corazón se abre, se cierra, lluvia y más lluvia y sólo se oye un susurro de aleteos lejanos cuando los pájaros de antaño llegan, se vuelven, vuelan raudos al otro lado del corazón.
Amanece: un espacio iluminado, lleno de soledad. Cuando el niño se despierta dibuja un pájaro en tu mano.
1.980 Matti Rossi (1934 Sortavala . Finlandia)
September 29 Eeva Kilpi, poeta finlandesa
(1.928. Hitola. Finlandia) Bueno, si de verdad quieres una confesión, Dime si molesto dijo él al entrar, porque me marcho inmediatamente. Ahí va: He tenido treinta y seis amantes. No sólo molestas, Bien, sí. Tienes razón, contesté, son demasiados. pones patas arriba toda mi existencia. Hubiese bastado con treinta y cinco. Bievenido. Pero, cariño, el treinta y seis eres tú. 1.972 1.987 September 28 Lars Huldén y Bo Carpelan
Eeva-Liisa Manner y Eila KivikkahoLo abro a la luz de la lámpara, el libro amarillento que huele a hierba y moho.
Lo hojeo, es como el sonido de lluvia y una ligera brisa pasa de hoja en hoja
y por el campo de batalla. El humo de las explosiones se desvanece como pelusa de ranúnculo.
Estrépito; silencio. Numerosos caballos vagan perdidos y hombres sin caballos. A través de las grietas del enrejado
sonidos y aromas campestres. Agudos gritos de golondrinas. Anís y perifollo. Amapola, pelusa de ranúnculo
y el humo de los proyectiles en las páginas del libro. El suave círculo de la lámpara encierra el campo de batalla. 1.968 Eeva-Liisa Manner (Helsinski, 1921-1995)
Ocultar lo más íntimo Niños
Como un insecto Arrancaron inmóvil en la rama alas de mosca quiero semejar porque no eran algo que nadie alas de mariposa, busque, vea, persiga. alas de mariposa porque no eran 1.952 alas de ángel. 1.961 Eila Kivikkaho ( Sortavala, 1.921)
Edith Södegran, Elmer Diktonius, Gunnar Björling, Rabbe Enckell, Henry Parland, Solveig von Schoultz y A. Hellaakoski
Modernistas de los años 20: Poetas finlandeses de expresión sueca. Y A. Hellaakoski, finlandesa.
Decisión. 1.920 Edith Södegran (…) No soy mansa. He sopesado la mansedumbre en mis garras de águila y la conozco bien. ¡Oh, águila! ¡Que dulzura hay en el vuelo de tus alas! ¿Vas a guardar silencio como todo? ¿Quieres Quizá escribir?. Tú ya no escribirás más. Cada poema será el desgarramiento de un poema, No poema, sino huellas de garras.
¡Crea, creador! 1.921 Elmer Diktonius (…) Porque sólo lo que arde tiene fuego, sólo lo que tiene fuego resplandece. Tus quemaduras,--sí, escuecen—pero tú resplandeces. ¡Arde y resplandece!
Borra, bórrate.1.938 Gunnar Björling Borra, bórrate tú, tu palabra borra tu silueta, tú no la puedes explicar. Sé lo que eres sé esa música sé tú, tú mismo como un concierto de palabras sé tú, como un alguien escondido en la mudez del mundo un concierto soñado. Poesía 1.937 Rabbe Enckell Poesía: una risueña glorieta— Aquí se liberaron las rosas de la coacción todavía con el aroma de algún abismo un alma fugitivazo percibió— Tal vez no importe nada 1.961- póstumo- Henry Parland Tal vez no importe nada el deslizarse hacia atrás siempre que se haga con la suficiente velocidad. Siempre será mejor que arrastrase hacia delante (hacia una meta que en cualquier caso no existe). Arnoo Hellaakoski, poeta de expresión finlandesa Corazón 1.949 Solveig von Schoultz le dábamos centeno, no mucho, lo suficiente para que no se cansase le dábamos agua, un dedal, para que tuviese que recordar el manantial, abríamos la puerta, ligeramente para que el cielo le golpease el ojo y fijamos un trozo de espejo en su jaula para que viese directamente la nube. Inmóvil permanecía con alas palpitantes. Así cantaba.
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