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July 10 Vete otra vez, vete, de Werner Bucher
Werner Bucher (Zúrich. 1.938)
Vete otra vez, vete Soy un turco, un turco, y yo tiré la piedra, tiré siempre la piedra al árbol, en el árbol, sobre el árbol y ella no cayó, no cayó, se quedó en el árbol, fue el árbol, el árbol,
él tiene mi piedra, tiene mi piedra y yo quiero mi piedra yo quiero mi piedra, ¡oh, Estambul! qué lejos has huido, desde lejos oigo cómo respiras, cómo gritas y cómo te asesinan, con la piedra , con la piedra arriba, en el árbol. Soy un turco, un turco y en todas partes donde llamo dadme el piso, dadme la piedra me dicen, eres un turco, un turco, nos robas las mujeres, nos robas el tiempo, vete otra vez, vete a los palomares, al ruido de los bazares. Pero yo no me voy, no, yo no me voy, quiero la piedra, la piedra, el piso con el que sueño.
Mi cuchillo es afilado, y es mío. Su página web – en alemán- http://www.wernerbucher.ch July 07 Conversación nocturna, de Elisabeth Meylan
Una de las obras de la exposición Desguaces, de Juan Pedro Sánchez Amado Elisabeth Meylan (Basilea, 1.937)
Conversación nocturna Él quiere saber si ella teme tormentas y por qué en los momentos más felices emprendía constantemente la huída. Ella reflexiona, un rayo ilumina el paisaje extraño delante de la ventana.
Las tormentas no las teme, contesta ella, solamente la felicidad.
Luego llueve, en su susurro acelerado se quita el afeite de los ojos y se ocupa en hacer las maletas, mientras él, echado en la cama, estudia el itinerario para el día siguiente.
Y lo que atañía a la muerte, quiere saber él, si ella teme la muerte.
La muerte no, contesta ella, solamente la felicidad. July 02 Muleta, de Rolf Hörler
Rolf Hörler (Uster, 1.933)
Muleta
El blanco pliego de papel, que me provoca de la misma manera que la muleta al toro en Pamplona, es mi arena, y como el toro que acepta el combate no tengo apenas otra alternativa. Mientras mis ojos puedan percibir el blanco que me concede acometividad y empuje, estoy ciego al griterío de la multitud y a la superioridad de un matador imaginario. A pesar de todas las heridas, creo en mi invencibilidad, olvido la punta de la espada que viene dirigida hacia mí, y recibo finalmente sorprendido la estocada mortal. |
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